152. La bestia de la noche.
El fuego de las velas se consume lentamente en la penumbra, como si cada llama respirara el mismo aire denso que yo respiro, un aire cargado de humo, de vino derramado en la alfombra, de sudor todavía fresco en las paredes de piedra, porque el palacio entero parece seguir temblando con los ecos de la traición que aún lo recorren. Estoy de pie frente a él, frente al hombre que se atreve a llamarse mi dueño, ese conspirador que convirtió el caos en su trono y que ahora me mira como si buscara en m