Cap. 98 ¡Celeste! No te preocupes
Salir de la comisaría no fue un alivio para Celeste; fue el paso de una celda a otra, más pública y letal. Luther, cumpliendo su promesa de transparencia destructiva, había filtrado la información con precisión quirúrgica.
No los detalles escandalosos, sino los hechos fríos: "Celeste Marín, investigada por coacción y manipulación de evidencia en perjuicio de la familia Ottum. Puesta en libertad bajo fianza, proceso en curso."
Era suficiente. Al salir, los reporteros, ya alertados, se abalanzaron sobre ella como cuervos. Las preguntas eran dagas:
"¿Es cierto que intentó incriminar a Augusto Ottum?"
"¿Qué opina de las acusaciones de su propia familia?"
"¿Sigue afirmando ser víctima?"
Celeste, pálida, pero con la cabeza alta, no respondió. Su silencio era elocuente. La máscara de víctima se había hecho añicos, y lo que quedaba a la vista era el cálculo frío de una jugadora que había perdido una mano importante.
Pero el verdadero peligro no estaba en las cámaras. Fue cuando llegó a su