Cap. 145 Igual nos casamos.
Alba volvió a su vida de rutina, o al menos a la nueva normalidad que había forjado. Aunque el bebé en su vientre estaba cada vez más revoltoso, pateando con una energía que prometía noches de insomnio, y sabía que se acercaba el día.
Alejandra, mientras tanto, estaba inmersa en la vorágine feliz de preparar su boda. Y Luther no era un novio de adorno; era el novio participativo.
Era él quien investigaba y proponía los salones, presentando opciones con la misma meticulosidad con la que planeaba una operación de seguridad.
Alejandra daba sus asentimientos con una sonrisa, y luego tomaba la delantera eligiendo la decoración, volcando su gusto y personalidad en cada detalle.
Él daba su opinión, siempre respetuosa pero honesta. Se iban turnando las tareas para no sobrecargarse, encontrando en la organización de su felicidad un nuevo terreno de complicidad y equipo.
Isabella, observando el proceso desde cierta distancia, estaba que moría de risa (por dentro).
No podía creer que Alejand