Cap. 138 Tengo un compromiso impostergable
Cuando llegó al restaurante Le Jardin, la escena era exactamente como había temido: una mesa larga de poder, llena de ejecutivos y sus acompañantes. Y, como si el destino se burlara de ella, el único asiento vacío era el que estaba justo al lado de Lucius.
Era de esperarse; eran los presidentes de las dos compañías protagonistas del acuerdo. Los anfitriones lo habían dispuesto así.
Alba se acercó con una mirada de reticencia bien pulida, una máscara de profesionalismo sereno. Pero por dentro, su corazón latía a toda velocidad, un tambor frenético contra sus costillas.
Temía, absurdamente, que Lucius pudiera escucharlo una vez que se sentaran hombro con hombro.
Tomó asiento. Lucius, a su lado, intercambiaba palabras cortas y discretas con el socio a su izquierda. Casi no la miraba. Era como si ella fuera parte del mobiliario.
Hasta que el Lic. Moreno, un socio mayor de Samaniego Holdings sentado frente a ellos, clavó sus ojos en Alba con una sonrisa halagadora que era demasiado cáli