Cap. 110 La niña enferma… Alicia
Cuando la puerta se cerró, dejó escapar un rugido sordo de frustración, arrojando un pesado cenicero de cristal contra la chimenea, donde estalló en mil fragmentos que reflejaron su rabia impotente.
Desde el sofá de terciopelo oscuro, un movimiento sutil. Catalina Samaniego, su madre, una mujer menuda de rostro surcado por arrugas que hablaban más de cálculo que de años, observaba sin pestañear. Había estado sentada en silencio, tejiendo con unas agujas de plata, un pasatiempo que disimulaba la