Cap. 109 Cuando despierte…
Lo encontraron aún bajo los efectos residuales de la anestesia, pálido contra las almohadas, el torso vendado y el hombro izquierdo inmovilizado. Augusto se acercó primero, posando una mano firme y cariñosa en el brazo sano de su hijo. Isabella se situó al otro lado, tomándole la mano.
—Hijo —dijo Augusto, su voz grave y calmante.
—Ya estás a salvo.
Lucius entreabrió los ojos, vidriosos. La desorientación duró un segundo antes de que el instinto paternal lo dominara:
—¿Alicia? ¿Está…?
—Está bi