Cap. 111 Ve con Alicia
Alejandra la miró, y la confusión en su rostro se derritió, reemplazada por una oleada de admiración tan profunda que le quemó los ojos. No era solo astucia. Era un acto de amor desesperado y estratégico, un sacrificio y un escudo tejidos con mentiras.
—Dios mío, Alba… —exhaló Alejandra. Luego, una sonrisa lenta, llena de un respeto feroz, curvó sus labios.
—Eres una perra astuta. De las buenas. Ellos ahí fuera, atacándote, queriendo deshacerse de ese embarazo, y mis sobrinitos… bien seguros en