Cap. 102 Reacomodando el silencio.

Alba podía ir a sus "controles prenatales" sin sobresaltos mayores. Claro, de vez en cuando, en la clínica o en la calle, notaba una mirada que se posaba en ella un segundo más de lo normal, una figura discreta que parecía coincidir en su ruta. Pero eran sombras, no amenazas concretas.

Era como si el depredador hubiera retrocedido a los límites del bosque, observando, pero sin atacar.

En la Mansión La Tormenta, la atmósfera se volvió tensa de otra manera. No era la tensión del pánico inminente, sino la de la espera, la de saber que el enemigo estaba reagrupándose, cambiando de estrategia.

Isabella y Augusto, ahora una unidad reconstruida, evaluaban el silencio con desconfianza experta. Sabían qué hombres como Elian no se rendían; se reagrupaban.

Pero Lucius no se había quedado quieto. No confiaba en la calma. Para él, era la oportunidad perfecta para pasar de la defensa al ataque.

Mientras la superficie estaba tranquila, bajo ella, sus "tentáculos" una red de abogados, investigador
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