El sol brillaba sobre el Sena, bañando la casa de París de Elara y Mason en luz dorada. Elara acababa de terminar un nuevo cuadro: una rosa blanca, raíz en la Villa Emberfall, pétalos extendiéndose por París, México y África. Lo tituló “La rosa que cruza los mares”, símbolo de cómo su amor y arte habían trascendido fronteras. Mason entró al atelier con café: “Listo para la exposición en África?” preguntó. “Sí”, respondió Elara. “Quiero llevar mi arte a los niños a quienes Lucian ayuda. Tal vez les inspire”.
Habían organizado una muestra itinerante por varios países africanos, en colaboración con la organización de Lucian. El viaje comenzó en Kenia, donde el centro de ayuda estaba ubicado en una aldea cercana a Nairobi. Al llegar, Elara fue recibida por Lucian, que lucía más tranquilo, con la piel bronceada por el sol. “Elara, gracias por venir”, dijo él. “Los niños están emocionados de conocer a la artista que pintó la cruz de Lumina”. Juntos caminaron hasta el centro, donde los niños