Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl timbre del teléfono me despertó de golpe. Me incorporé confundida, pensando que era Rosa quien llamaba a la puerta, pero no, era mi celular vibrando sobre la mesa de noche. Lo tomé con la esperanza de que fuera cualquier cosa menos él. No era Matías, pero tampoco era un número desconocido. Era de la empresa de beneficencia.
Contesté con voz apagada, aún con el cuerpo adolorido de la noche anterior. —¿Señorita Isabella? —la voz al otro lado sonaba preocupada, casi entrecortada—. D






