Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl destino parecía odiarme. En un instante, sentí la punzada helada de su mirada clavada en mí. Alcé la vista, despacio, y allí estaba: observándome.
Esa mirada penetrante que antes me había hecho sentir amada, y que ahora solo lograba helarme la sangre.Antes era amor, ahora solo era miedo.Caminó hacia mí. Cada paso suyo me quitaba el aire. Intenté sonreír débilmente, como si ese gesto pudiera borrar cualquier sospecha, pero mi voz salió entrecortada cuando él habló.—¿Qué






