Al contestar, Celia escuchó los llantos desgarradores de Rosa en el otro lado de la línea.
—¡Carlos... Carlos está gravemente herido!
El mundo pareció detenerse. Un zumbido ensordecedor llenó los oídos de Celia.
Inmediatamente, acudió a la sala de emergencias de la Clínica Central.
Rosa, hundida en una silla, lloraba desconsoladamente. Fabio, a su lado, mostraba una cara seria y perdida. Parecía que había sufrido un envejecimiento repentino con el cabello ahora plateado.
Celia interceptó a una e