Al anochecer, Celia llegó a la puerta de la suite donde se hospedaba César, cargando varios regalos costosos. Dudó un momento antes de tocar el timbre.
No pasó mucho tiempo antes de que él la abriera. Acababa de salir de la ducha. Su cabello estaba húmedo, y la bata de baño que llevaba aún desprendía un vapor cálido, mezclado con el aroma del gel de baño exclusivo del hotel de lujo.
—Estas cosas son para ti. —Celia le extendió las bolsas.
Él bajó la mirada para examinarlas.
—¿Qué son?
—Regalos d