Celia no respondió. Eric tomó aire y miró a Olaya.
—Tú también, pídele disculpas.
Olaya se sorprendió, mirándolo con incredulidad.
—¿Quieres que me disculpe con ella?
—¡Hazlo!
Al ver la expresión de Eric, Olaya ya no se atrevió a replicar. Finalmente, con evidente disgusto, le dijo a Celia:
—Lo siento.
Como madre e hijo se habían disculpado, sin importar si eran sinceros o no, ella tenía que aceptarlo por las apariencias. Sonrió levemente.
—Señor Bustos, por respeto a usted, consideremos el