Sergio estaba hablando con la madre de Luna. Al colgar la llamada, se volvió hacia Yolanda, exhalando una bocanada de humo.
—Cuánto tiempo, señorita Gómez. Has crecido.
Yolanda se sorprendió al verlo y lo miró.
—¿Eres... Sergio Quiroga?
—Vaya, parece que aún me recuerdas, ¿eh?
Yolanda se puso seria. Rara vez tenía esa expresión.
—Sería difícil olvidarte, me molestabas tanto en el pasado.
Él sonrió con despreocupación.
—¿Aún me guardas rencor después de tantos años?
—Es que cada vez que veo a un