Celia nunca imaginó que César pudiera ser un tipo tan cruel. Sin embargo, los hechos le demostraban que por Sira era capaz de cualquier cosa.
—¡Celia! ¿Cómo te atreves a hablarle así a César? —le gritó furioso.
En lugar de apoyar a su hija, la reprendió por su actitud frente a César. Acto seguido, se volteó hacia él con sonrisa aduladora.
—César, no le hagas caso. Ella siempre ha sido muy impulsiva.
Celia guardó silencio, clavando su feroz mirada en los ojos de César. Él se recostó cómodamente e