César no había dormido bien en toda la noche. Por la mañana, bajo sus ojos se podían ver unas ojeras. Celia desayunaba con la cabeza baja, sin preguntarle nada, pero Víctor pareció notar su palidez.
—¿No te sientes bien? —se preocupó.
—Estoy bien —respondió él, pero su voz ya sonaba ronca.
Víctor echó un vistazo a Celia, pero antes de que él pudiera hablar, ella se adelantó:
—Hoy necesito regresar a la oficina.
Tras un largo silencio, le dio el permiso después de pensarlo.
—Ok.
Celia inclinó la