Celia se quedó quieta, esperando a que él se acercara.
—¿Por qué saliste del hotel?
—No me sentía tranquilo dejándote salir sola.
Al oír su respuesta, ella reaccionó.
—¿Y cómo sabías que yo estaba aquí?
Él no dijo nada, pero su mirada se posó en el celular de Celia. Ella lo entendió al instante: él le había instalado una aplicación de rastreo.
—¿Qué compraste? —César tomó la bolsa.
Ella la recuperó enseguida.
—No es para ti.
El movimiento de él se detuvo en seco y su mirada se clavó en la pequeñ