Carlos la miró. Ya estaba al borde del colapso.
—¡Ya me enteré de todo! Papá y mamá murieron… ¡y tú no eres mi hermana de sangre! Mi hermana nunca me abandonaría… —Sollozó agitado.
Celia se quedó pasmada por unos segundos. Al verlo retroceder otro paso, incluso sus manos comenzaron a temblar de susto.
—¡Carlos! ¡Yo nunca te he abandonado! Sin importar quién sea yo, en mi corazón, tú siempre eres mi hermano. Hemos pasado veinte años juntos y crecimos juntos, ¿no? ¿Vas a negar nuestra relación?
La