Al ver a su hijo, que siempre era tan orgulloso, tan afligido por una mujer, Marta sintió un nudo en su pecho. ¡No permitiría que su hijo arriesgara su vida por Celia una vez más!
***
Mientras tanto, Rocío regresó a casa con el semblante sombrío. Macarena, al ver su expresión, le preguntó:
—Fuiste a visitar a la señorita Rojas, ¿no?
—Sí. —Rocío se dejó caer en el sofá y cruzó los brazos—. ¡Esa mujer es una lunática!
Ella se ajustó el chal sobre los hombros y se le acercó.
—¿Qué quieres decir con