Al ver el mensaje, Celiana mostró una chispa de emoción. ¡El problema ya estaba resuelto! Sin importar si Celia era la verdadera señorita Rojas o no, ¡ella sería la única hija de la familia Rojas!
En ese momento, alguien llamó a la puerta de su habitación. El sonido la sobresaltó.
—¿Quién es?
—Señorita, hay una visita para usted. Dice que es la señorita Herrera.
¿La señorita Herrera? Los ojos de ella brillaron. Sonriendo, abrió la puerta.
—Dile que me espere un momento. Bajo enseguida.
Celiana s