La atmósfera se volvió intensa en un santiamén. El hombre permaneció sentado en el sofá sin moverse, en completo silencio. Ana casi estaba muerta de miedo por la tensión, apenas se atrevía a respirar y agarraba con fuerza la manga de Celia. Después de un largo rato, César se levantó con calma y se dirigió hacia ella.
Celia enfrentó su mirada con determinación, declarando su actitud:
—César, dijiste que querías compensarme. Entonces, en cuanto a mis solicitudes, también debes…
Antes de que pudier