Al enterarse de que Lola había ido a la clínica para buscar a Celia, Alfredo la confrontó en la habitación.
—¿¡Quién te permitió que fueras a buscarla!? —Sus gritos eran tan altos que casi llegaron al pasillo.
Lola no podía creerlo, mirándolo con incredulidad.
—Alfredo, ¿me gritas por esa zorra?
Leonardo, al oír el alboroto afuera, entró a la habitación.
—No hables así a tu mamá. —Lo regañó.
Alfredo se masajeó las sienes con un semblante sombrío. Sentía un agudo dolor en su cabeza que le causaba