Estrella, creyendo que él había escuchado su conversación, se ruborizó e inventó una excusa para huir. Nicolás se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó a Celia.
—Mucho mejor —ella le respondió —. ¿Fuiste tú quien me trajo a la clínica?
—¿Quién más sería? —dijo Nicolás mientras se acercaba a la ventana para abrir las cortinas—. En esas circunstancias, ¿debería haberte llevado a casa en lugar de a la clínica?
Celia guardó silencio. Nunca imaginó qu