Celia fue a visitar a Rosa. Quien abrió la puerta fue una sirvienta. Antes de que pudiera preguntar, desde dentro se escuchó la voz de Rosa.
—¿Quién es?
Rosa llegó a la sala y, al ver a Celia, se sorprendió.
—¿Celia?
Después de que la sirvienta se fue a hacer sus quehaceres, ella ayudó a Rosa a sentarse en el sofá.
—Mamá, ¿la han estado cuidando bien estos días? —le preguntó, preocupada.
—No te preocupes. César no me ha tratado mal. —Rosa se sentó sin prisa. Todos los arreglos de César habían si