Una idea cruzó por su mente: ¡era abuso infantil!
Celia se detuvo bruscamente y miró hacia atrás. Óscar se acurrucó tras el jardín, sollozando. Dudó mucho, pero al final se le acercó.
El niño se estaba secando las lágrimas y de pronto vio una servilleta frente a él. Alzó la vista, se sorprendió al ver a Celia y luego apartó su mano con un empujón.
—¡Eres una mujer mala! ¡No quiero nada tuyo! —gritó con hostilidad.
Ella no le dio importancia.
—Si fuera una mujer mala, ya te habría echado.
Él apre