César se detuvo, giró para mirar a Celia detrás de él. Su mirada se clavó en su cara nerviosa.
—¿Qué pasa?
Ella tartamudeó:
—¿Qué quieres para el desayuno?
—¿Tú me lo prepararás? —preguntó él, con una mirada sorprendida.
Ella soltó un "hum", sin quitarle los ojos de encima, temerosa de que desviara la mirada. Su expresión nerviosa a César le parecía tan encantadora. A él también le gustaba más ese estado de ella.
—No tengo prisa —César se inclinó hacia ella, susurrándole al oído—. Dejaré la com