Al escuchar esto, Rosa se interpuso frente a Celia protegiéndola, enrojecida y con las venas del cuello marcadas.
—¡Ni se te ocurra lastimar a mi hija!
Celia, sorprendida, se quedó paralizada, mirándola. Era la primera vez que experimentaba la sensación de ser protegida por su madre. Era tan maravillosa y cálida…
—Mamá...
—Por mi falta de capacidad, no pude proteger a Carlos. Pero pase lo que pase, no puedo quedarme de brazos cruzados cuando mi hija está en peligro.
Rosa parecía haber tomado una