Ana corrió escaleras abajo. Cuando llegó, sus piernas aún temblaban. Se debatía internamente sobre si debía contarle a Celia lo que había escuchado. Si no lo hacía, su conciencia la atormentaría; pero, si lo hacía, pondría en peligro su propia seguridad...
Justo cuando iba a marcar el número con el celular, una figura apareció detrás de ella como una sombra, arrebatándole el dispositivo de las manos.
Al reconocer a Sira, la cara de Ana perdió al instante todo el color.
—Maldita, ¿quieres contarl