Celia intentó con todas sus fuerzas liberar su mano, pero no pudo. Después de esfuerzos en vano, terminó por reírse con ironía.
—César, ¿acaso no fuiste tú quien me pidió que mantuviera la distancia contigo para que nadie malinterpretara nuestra relación? ¿Qué pasa? ¿Incluso olvidaste tus propias palabras?
César tragó saliva. Era cierto que le había dicho eso. Él pensó que a ella tampoco eso le importaba...
Sin darse cuenta, la mano de César que sujetaba su muñeca se aflojó un poco.
—Qué buena m