Los ojos de Celia se contrajeron drásticamente. Intentó resistirse por instinto, pero él ya lo había previsto. La arrinconó entre la puerta y su pecho.
Su beso ardía, así como su piel.
La última vez que él había perdido el control así fue cuando lo drogó Rocío. ¿Acaso ahora también...?
En un arranque de desesperación, Celia levantó la mano para intentar darle una cachetada. Sin embargo, no alcanzó su mejilla, en vez de eso, lo golpeó en la oreja izquierda.
—César Herrera, ¡abre los ojos y mírame