Pasaron unos segundos antes de que Celia reaccionara, se rio de sí misma con amargura. Su voz sonó áspera al hablar.
—Hace tanto que no la preparo… Ya perdí la práctica.
—No es falta de práctica —replicó él de manera directa—. Es que ya no quieres preparármela, ¿cierto?
Celia lo miró desconcertada. En los seis años de su matrimonio, nunca lo había visto con ese aire desalentado. Al menos, nunca lo había mostrado frente a ella.
No sabía cuánto él había bebido exactamente esa noche, pero estaba c