Celia extendió la manta sin inmutarse.
—Estoy en mis días. Duermo mal y no quiero molestarte. —Inventó una excusa.
César soltó un "hum".
—¿Pero no te vas a bañar?
—Ah... sí, ahora voy.
Dicho esto, ella agarró su pijama y entró al baño un poco avergonzada. Tras todos estos años de matrimonio, todavía no había podido acostumbrarse a cambiarse de ropa en su presencia. Incluso bañarse bajo el mismo techo la hacía sentir incómoda.
Se demoró lo más posible en la ducha, esperando encontrar a César ya d