¡Plaf!
Ambas cayeron al agua, moviéndose desesperadamente. Cuando Rocío volvió en sí, gritó aterrorizada:
—¡Socorro! ¡Alguien se ahoga!
Sus gritos llamaron la atención de quienes estaban en la casona. Una figura acudió como un rayo, despojándose de la chaqueta antes de zambullirse en el agua.
Celia tragó agua una y otra vez. No sabía nadar, y para colmo, un calambre le paralizaba las piernas. Vio a César saltar a la piscina. Cuando abrió la boca para pedir ayuda, el agua la arrastró de nuevo. Él