Desde su posición privilegiada como heredero de CUMBRE, Andrés había enfrentado todo tipo de tentaciones imaginables a lo largo de los años. Y sin duda alguna, la mujer que tenía delante representaba la variedad más burda y amateur de todas ellas.
Sin dignarse siquiera a mirarla, sacó su teléfono y marcó directamente el número de Sonia. La llamada conectó, pero solo encontró silencio al otro lado. Su expresión se tornó cada vez más sombría, las líneas de su mandíbula tensándose visiblemente.
La