—Sonia, has ganado —dijo Andrés, de pie frente a ella, con voz profunda y ronca—. Pero, ¿cómo puedes pensar que aceptaré dejarte ir?
Sonia esbozó una leve sonrisa irónica.
—No pretendo que me dejes ir. Incluso puedo seguir contigo, incluida la boda, estoy dispuesta a cooperar.
—Pero puedo asegurarte que nuestra vida siempre será así de ahora en adelante.
—Si no te importa, a mí tampoco.
—En cuanto a este bebé... lo amaré con todas mis fuerzas, pero eso no tiene nada que ver contigo. Lo amaré sim