Cuando Sonia terminó de hablar, la mano que apretaba su cuello se aflojó de repente.
Andrés seguía mirándola, pero retrocedió varios pasos.
Entonces, sonrió.
—Oh, así que es eso —dijo—. Sí... yo lo sabía desde hace tiempo.
—En realidad, Sonia, tu actuación nunca fue tan buena.
—Si nunca dije nada fue porque yo... estaba dispuesto a dejarme engañar.
—Pero ya que elegiste engañarme, ¿por qué... no seguir con la mentira? ¿Por qué...?
—Porque ya no tiene sentido —interrumpió Sonia—. A estas alturas,