Las lágrimas finalmente rodaron por sus mejillas.
—Imbécil —siseó entre dientes con voz temblorosa.
Él, que estaba a punto de morder su cuello, se detuvo al escuchar sus palabras. Levantó la mirada para observarla.
El lápiz labial de Sonia estaba corrido, su delineador se había difuminado por las lágrimas, y su cabello estaba desordenado - presentaba una imagen completamente desaliñada. Sin embargo, cuando Andrés vio las lágrimas en sus pestañas, su corazón dio un vuelco inesperado.
Suavizó sus