—¿Qué estás haciendo? —exclamó Sonia sorprendida, comenzando a forcejear con toda su fuerza—. ¡Suéltame! ¡Andrés, déjame ir ahora mismo!
Sus piernas pataleaban con tanta fuerza que perdió uno de sus zapatos de tacón, el cual cayó silenciosamente sobre la alfombrada del pasillo del hotel sin hacer ruido alguno.
Al llegar al elevador, él la bajó pero inmediatamente la acorraló en una esquina. Cuando intentó escapar, él sujetó su mentón y la besó bruscamente, sin darle oportunidad de dudar o resist