Sonia volvió a darse la vuelta, intentando forzarse a regresar al sueño, pero apenas cerraba los ojos, esa sensación de sed se hacía cada vez más evidente.
Después de luchar por unos minutos, finalmente decidió bajar a tomar un vaso de agua.
La planta baja también estaba completamente a oscuras.
Sonia encendió la luz de la escalera y entró directamente a la cocina.
Apenas había llenado el vaso cuando de repente una voz ronca sonó a sus espaldas:
—Sírveme uno a mí también.
La repentina voz asustó