Por la noche, en Villa Azulejo.
Andrés nunca regresó, y Sonia tampoco lo esperó, simplemente pidió algo de comida para llevar.
El huevo que cubría su mejilla ya había perdido su temperatura, y la marca roja también se había desvanecido.
Sonia originalmente temía que Andrés regresara y buscara problemas con los Zuluaga, pero ahora parecía que ese pensamiento era innecesario.
Mirando el reloj de la pared, Sonia pensó que probablemente esta noche no volvería.
Esto le resultaba familiar.
—Igual que