Tras las palabras de Fabiola, Sonia guardó silencio por un momento.
Luego, soltó una risa.
Una risa que hizo que el ceño de Fabiola se frunciera.
Sonia dijo suavemente: —Así que, usted aún lo ama.
Esta frase ligera hizo que la mano de Fabiola se cerrara de golpe.
—No la culparé, pero tampoco lo perdonaré —Sonia dejó la taza en la mesa—. Si no fuera por su presión comercial y esos métodos... ahora sería esposa de otro.
—¿Cree que en estas circunstancias puedo engañarme a mí misma para enamorarme