Sonia se sobresaltó y, de forma instintiva, se cubrió rápidamente con la ropa. Luego, frunció el ceño mirando al recién llegado. Andrés tampoco tenía un semblante agradable. Se miraron fijamente, más parecidos a enemigos que a una pareja.
—Si no hay nada importante, por favor sal. Quiero dormir —fue Sonia quien rompió el silencio.
Para su sorpresa, Andrés no la increpó, sino que se dio media vuelta y dijo secamente: —Déjame el mediodía libre mañana.
—¿Para qué? —preguntó Sonia inmediatamente.
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