—¡Sonia! —exclamó Ana rápidamente, agarrándole la mano—. ¿Estás enojada? Mamá no quiso decir eso, todo es mi culpa, fue un accidente...
—De todos modos, no te preocupes, definitivamente me mudaré de tu casa y no te molestaré más a ti y a Andrés...
—Bueno, está bien —respondió Sonia con total desenvoltura. Regina no pudo evitar fruncir el ceño, mientras en los ojos de Ana se notaba una clara expresión de asombro.
—Me voy —dijo Sonia sin darle importancia, soltándose de un tirón y marchándose. La