El cálido abrazo de Alan fue aflojando poco a poco el peso que oprimía el pecho de Cassie. Su llanto comenzó a calmarse, dejando apenas unos sollozos entrecortados atrapados en su garganta. Se apartó despacio y se secó las últimas lágrimas que aún humedecían sus mejillas.
—¿Ya te sientes un poco mejor, Cass? —preguntó Alan con voz suave mientras apartaba con delicadeza algunos mechones de cabello que el viento nocturno había desordenado.
Cassie asintió levemente y forzó una tenue sonrisa.
—Lo s