Los pasos de Cassie eran vacilantes mientras se alejaba de la discoteca. El aire frío de la noche le calaba hasta los poros, pero aquel frío no era nada comparado con el derrumbe de las murallas que protegían su corazón. Lloraba en silencio, dejando que las lágrimas empaparan su rostro pálido. El dolor, la humillación y el agotamiento mental que le había provocado el enfrentamiento con Devatra se extendían por todo su cuerpo como un veneno que recorría sus venas.
Bajo la tenue luz de una farola