Capítulo 19
Geraldo sostenía con fuerza el sobre con el sudado pago en sus manos callosas. El sol de la tarde quemaba su piel, y el cansancio pesaba sobre sus hombros, pero no se dio tregua. Fue directo al patio donde tenía retenido su coche, decidido a sacarlo de allí.
Al llegar al mostrador, anunció:
—Vine a buscar mi coche. Está a mi nombre.
El atendente, un joven delgado y serio, lo miró por encima de sus gafas y luego consultó el sistema.
—¿Renovó su licencia de conducir?
Geraldo hizo una