Capítulo 10
Geraldo se despertó media hora más temprano de lo habitual. Todavía somnoliento, caminó hasta la cocina esperando encontrar al menos el café listo. Pero lo que vio hizo que su sangre hirviera.
El fregadero estaba abarrotado de platos sucios: vasos, platos, tenedores, todo tirado de cualquier manera. El suelo, antes limpio, parecía un campo de batalla.
Se detuvo en medio de la cocina, mirando el caos, con la mandíbula apretada.
— Maldita mujer que no ha vuelto —gruñó, con la voz ronc