Capítulo 9
María se quedó parada en medio de la habitación unos segundos después de que la puerta se cerrara. La suave luz de la lámpara de mesa dibujaba sombras delicadas en las paredes, y el silencio, ahora sin el sonido del fuego crepitante o de los pasos de Alejandro, parecía más pesado. Apretó la manta contra su cuerpo y respiró hondo.
Su corazón todavía latía acelerado. Lo que había sentido en la sala... el calor en el pecho, el escalofrío en la nuca, el deseo tímido que brotaba incluso en medio de la confusión de su mente, todo era tan extraño.
Caminó hasta el espejo del cuarto y se miró una vez más. Sus ojos todavía estaban un poco hinchados, el cabello desaliñado, la piel con marcas de los apósitos. Pero lo que más le llamaba la atención era su propia expresión. Había algo nuevo en ella. Una mujer que ella misma todavía estaba intentando entender.
Se sentó al borde de la cama, los dedos jugueteando con el borde de la manta. Pensaba en Alejandro. En la forma en que la había mi