Capítulo 11
Geraldo llegó a casa arrastrando las botas gastadas por el suelo sucio del porche. Abrió la puerta de un empujón y fue recibido por un olor agrio de comida vieja y basura acumulada. El escenario era aún peor que el que había dejado por la mañana: el fregadero lleno de platos sucios, el suelo pegajoso y algunas cucarachas desfilando por la cocina como si fueran las nuevas dueñas de la casa.
Un grito agudo vino de la sala:
— ¡Cucarachas! ¡Ay, qué asco! —la hija pataleaba en el sofá, saltando de un lado a otro como si el suelo estuviera en llamas.
Geraldo cerró la puerta con fuerza, haciendo temblar la pared.
— ¿Dónde está tu hermano? —preguntó, con la voz gruesa e irritada.
La niña, con expresión de asco y miedo, respondió sin bajar del sofá:
— Salió con la novia. Dijo que no puede traerla a esta casa asquerosa.
Geraldo soltó un taco ahogado y se pasó la mano por el rostro sudoroso, esparciendo aún más la suciedad de todo el día de trabajo. Miró a su alrededor con rabia, bas